Amor, Calma, Consciencia

Pablo y su nido de amor

Un cuento de esperanza y amor para niños

Había una vez un niño llamado Pablo.
Pablo tenía una sonrisa brillante y vivía en un país
hermoso lleno de montañas verdes y mucha luz.

Un día algo inesperado sucedió.
La gran Madre Tierra, que es inmensa y está viva,
sintió que necesitaba estirarse un poco.
Así que hizo un movimiento profundo,
como un gran bostezo.

Ese gran bostezo hizo que el suelo se moviera
de un lado a otro, como un columpio gigante.

Al principio Pablo se asustó,
pero sus cuidadores le explicaron
que la tierra no estaba enojada;
solo era la naturaleza moviéndose,
y nadie tenía la culpa de ese bostezo

También le explicaron que las casas
son como nidos que nos protegen,
pero ante el gran movimiento de la tierra,
algunos nidos se vuelven frágiles.

La casita de Pablo, así como los nidos,
se desarmó con el movimiento,
y él se sintió muy triste y solo
al ver que su refugio ya no estaba

Sus cuidadores se encargaron de mostrarle a Pablo
algo reconfortante:
aunque un nido de bloques y madera se caiga,
siempre habrá uno nuevo esperando
para abrazarlo y protegerlo.

También le dijeron que,
durante el gran bostezo de la tierra,
su familia tuvo que hacer un viaje especial.
Aunque no se despidieron para siempre,
le explicaron que hicieron un cambio de hogar
hacia un lugar de infinita paz en el cielo,
donde se han quedado a vivir
para cuidar de él siempre,
desde sus pensamientos y su corazón.

Ahora, su familia se ha convertido
en la brisa suave que acaricia su carita,
en las estrellas brillantes que lo observan
mientras duerme y en los rayitos
de sol que calientan su nariz.

Pablo cerró los ojos y se dio cuenta que tenía
un nuevo superpoder: con su cabecita podía recordar
y con su corazón podía sentir su nido feliz.
Recordar y sentir le permitía saber que,
sin importar dónde estén ahora, el amor de su familia
permanece intacto, unido a él para siempre.

Pablo abrió los ojos y se dio cuenta
que no estaba solo. A su lado, aparecieron
muchos cuidadores: adultos fuertes
y amorosos que ahora son sus guardianes
y lo mantendrán a salvo todos los días.

Ellos le tomaron la mano y le explicaron que él
se quedó en este hermoso mundo porque tiene
una misión muy, muy importante:
crecer sano y fuerte como un gran árbol,
ser inmensamente feliz y llevar en su sonrisa
toda la alegría de los que ahora
lo cuidan desde el cielo.

Antes de ir a dormir en su nuevo nido seguro,
su cuidador le dio un abrazo apretado
y le susurró un secreto mágico:

«Si en algún momento sientes que tu corazón pesa,
busca a quien te cuida y cuéntale.
Las palabras son como llaves que abren puertas
y ayudan a que la tristeza salga
para que pueda entrar la calma.»

Pablo cerró los ojos y,
al sentir el amor de Dios en su corazón,
se durmió en su nuevo nido de amor.
En ese momento supo
que estaría siempre protegido
y que jamás estaría solo.

Escrito por:
Yare Borges

Con la colaboración y revisión de:
Dra. Karla Buzón y Dr. Miguel Ortiz